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Un velo



Así lo sentía ayer. Que había un velo. Que no me permitía estar en mi presencia. Y tuve que apelar muchas veces a lo aprendido. A eso que me exijo. La presencia. Porque es en compañía de ella que comprendo tantas cosas. Y cuando estoy con ella, la alegría, la abundancia y la salud regresan. Siempre. Sin dudarlo, esas tres llegan cuando estoy en mi absoluta presencia. Y ahí no siento nada. Como el silencio ensordecedor de anoche y de esta madrugada. En donde escuchaba mi corazón. Casi podía escuchar mi sangre circulando por mi cuerpo.





Cuando hay un velo que no deja ver la alegría que somos, o lo abundante que somos y la salud hermosa que poseemos, hay que correrlo. Anoche tuve que sentarme. Descansar. Reconocer. Respirar profundo y tratar de entender. Pero hay cosas que no se pueden entender. Son simplemente. Y entonces te envían mensajes de toda clase. Y cuando antes de ayer me dijeron lo que te mandan te hace crecer, simplemente respondí, es que no me lo mandaron, me lo tiraron…y es verdad. Fue tirado y a lo hp. Cómo si lo mereciera. Y no es así. Era simplemente así porque lo veía a través de ese velo que está en la no presencia. Y ayer por fin lo quité. Pero me costó. Se parecía a esta niebla hermosa. Se parecía a la bruma. Pero no era ninguna de las dos. Era simplemente un velo que había que quitar. Y lo pude quitar y dormí arrunchada en mi hamaca y me levanté creyendo que estaba en ese techo blanco y grande llamado Gaia y sentía la brisa marina.





Crecemos siempre creyendo que necesitamos algo más. Cada día tenemos una necesidad nueva. Una más. Y cuando vamos creciendo descubrimos que desperdiciamos muchos maravillosos instantes que pudimos vivir en la plenitud absoluta de cuenta de siempre querer algo más. Cuando todo lo que necesitamos está ahí pegadizo de nuestra propia piel. Nos roza. Nos toca siempre. Como recordándonos que estamos vivos. Que en cualquier momento podemos no estarlo. Que en cualquier momento partimos a otros lugares y que no valía la pena sentir angustia ni perder la calma. Ni dejar de ser amorosos y optimistas. Ni dejar de creer. Ni pensar siempre en negativo.





Pensar en negativo es de esas cosas que sí me pueden sacar de las casillas. Me las saca y las pone de puntas. Todas. Quedo como un erizo “espantao". ¡Pero qué cosa es esta! Qué clase de locura es siempre pensar lo malo primero. No tiene sentido. Para eso ni se levanten. Hace poco tuve que estar realmente molesta con dos seres que quiero mucho porque sus palabras no fueron de fe sino de tragedia. Cómo si lo peor siempre estuviera por pasar. ¿Y por qué no lo mejor? Le preguntaba yo a una de ellas…aunque ya las casillas se me habían salido y no salido sino arrancado de la piel. Estoy realmente conmovida porque lo malo es lo que ahora gobierna las mentes de las personas. Pocas ven lo bueno. El vaso medio lleno. Cuando ves lo bueno primero, cambia la vida de todos. Definitivamente. Si hicieran el ensayo entenderían. Porque son nuestros pensamientos los que nos permiten estar en esa nuestra presencia. Pero si esos pensamientos empiezan el día con solo pensamientos de que lo peor va a pasar, de que esto o aquello saldrá mal, de que lo de los otros estará peor, entonces…vuélvanse a acostar. Mi hijo lo aprendió otra vez hace poco con una de esas casillas que se me voló y le dio en su hermoso espíritu. Porque le han enseñado también que lo malo va primero. Mientras yo le meto una parte de esperanza y optimismo, también por otra le meten basura. Eso. Basura. Y yo le exijo que se recicle. Que coja todo eso y haga algo bonito con ello. Porque la salud es mental. Y hay que saber discernir lo que vemos, lo que sentimos, lo que escuchamos, lo que tocamos…





Es un velo. En tu interior. Y hay que quitarlo. Pronto. Para poder sentir la plenitud. Ayer me costaba y cuando me senté en mi hamaca, pude por fin analizar y sentirlo todo y coger y pasar la página corriendo ese velo que me estaba robando el placer de sentir mi hogar en mi corazón. Y no en donde no estoy. Porque estoy aquí en mi interior y estoy en el pensamiento. Mío y de quienes me recuerdan. Y de lo que pienso y de lo que me piensa. Soy y siento la alegría, la abundancia y la salud como esos regalos innegables que me han sido entregados para cuidarlos como esos tesoros que me permiten mi vida. Somos seres afortunados. En nuestra propia presencia…



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